Cuando un pájaro bebe

Actualmente, la concepción de arte parece un tanto confusa. La pregunta que lo cuestiona pone sobre la mesa algo sintomático: manifiesta la falta de encuentro con el supuesto arte a partir de lo que observa como tal, la historia de un desencuentro. A menudo aquello que el observador espera encontrar no es captado. Chantal Maillard, escritora, ensayista y poeta, filósofa especializada en los quehaceres del arte, señala que si una pregunta tal está a la orden del día, hay algo que anda mal. La autora propone preguntar sobre la función que cumple la obra de arte.

En su Razón estética, explica que lo estético “designa, por un lado, la capacidad de aprehender la realidad a través de los canales que nos proporciona la sensibilidad y, por otro, la activación de la capacidad lúdica para la empresa constructora: la experiencia sensible ha de ser re-presentada, ha de formar mundo, ha de historiarse.” Nos cuenta a cerca de un placer ligado a ese historiar, en cuanto trayecto dedicado a la configuración de un mundo basado en la poética. Para eludir la confusión, esta concepción de la estética está liberada del sentido restringido a términos de belleza. Lo que se ve o lo que se escucha sirve de entrada al campo de lo poético.

La función poética supone aludir a una manera de decir del arte. Lo que el arte dice va junto a cómo lo dice, y sucede atravesando lo real, el mapa de lo que estamos acostumbrados. La autora remite a lo poético en un sentido que aúna las producciones artísticas, tanto visuales como escritas. Al fin y al cabo, las palabras brotan imágenes y viceversa. La clave reside en la articulación del devenir de una idea, en el acto de apertura a otros espacios mediante las coordenadas que establece, la creación de metáforas que apuntan a resonancias, posibles sentidos exentos de certezas que vuelven a sonar y que se articulan en el espacio de la obra. Aquello que se cuenta parece hablar sin pretensión de concreción para dar lugar a dichas resonancias, de temas considerados ‘esenciales’ del ser humano aunque con un procedimiento diferente al de la filosofía.

En el campo filosófico el proceder es distinto. Lo que en este se dice debe responder a la acotación de las ideas que se trabajan, a partir de una metodología concreta para llegar a una conclusión. Si esta se consigue, puede ser refutada y si se contradice, será desde el mismo tipo de procedimiento hipotético deductivo. En cambio, aquello que se dice poéticamente parte de otro tipo de acontecer del pensamiento. Maillard, en alguna ocasión, lo ha descrito como el juego en el árbol de Porfirio, aquel que contiene en su estructura ramificada información sobre la composición de cualquier entidad del planeta: personas, animales, plantas, rocas, etc. En el juego poético, las palabras van estableciendo vínculos entre las ramas para danzar metáforas. El mensaje poético se da estableciendo su forma con hilos entre las ramas y cuantas más ramas despliega, más capacidad tiene de generar nuevas confluencias para un resultado que no es lo visto.

Cuando habla del hacedor de poética, lo sitúa en el momento que sucede, en la escucha, en la receptividad y en la transmisión, silenciado. Cuando habla es para el poema. Sucede en lugar de ser. Desde una posición en la que el yo no pinta nada, recuerda al sujeto al que apunta Jacques Lacan desde el psicoanálisis, aquel que es atravesado por el lenguaje, efecto de este. Así, en ese suceder poético ligado a lo social, como Rimbaud afirmó “Yo es otro”, otro quien habla para hablar un saber que no sabe que sabe. Algo así como la transformación de un eco olvidado que se dice diciendo, en gerundio, contenido que se refleja entre la repetición del sonido y los silencios, recorriendo el espacio para volver al lugar de su emisión.

¿Y qué es la obra si no es lo visto?  Lejos de esto es, exactamente, deja cabida al no entendimiento desde la racionalidad. Posiblemente provoque momentos de suspenso para su asimilación o simplemente, nos traslade a un sin palabras o al sentido del tacto porque nos toca algún lugar que no es piel. Quizás nos encontremos bebiendo como en la imagen del pájaro que Chantal Maillard recuerda. Hay un momento en el que este necesita levantar su cabeza, una pausa para transitar el agua, atender la brecha que se abre.

Marta Parada

Artículo en Enki Mallorca

‘Pajaro en la brecha’