Sobre “De lo espiritual en el arte” de Kandinsky.

En “Lo espiritual en el arte” Kandinsky nos habla de una necesidad interior de la que surgen los colores, las notas musicales, los silencios, las palabras, las respuestas en todos los ámbitos de expresión artística. Allí nos cuenta que esta necesidad nace y se constituye sobre tres puntos. El primero se refiere a lo que le es propio al artista, aludiendo al aforismo griego “Conócete a ti mismo” para situarlo en dirección al conocimiento del propio ser, sin exclusiones, velos ni adornos. El segundo punto se sitúa en el ­­espacio-tiempo, se refiere a la época a la que pertenece el artista, el contexto que configura el lenguaje. Para llegar a un tercer punto que resulta de trabajar una mirada espiritual sobre los otros dos, y hablará de lo que no conoce espacio ni tiempo, otorgando la cualidad artística a todo arte hasta hoy.

Así Kandinsky (Moscú, 1866 – Neuilly-sur-Seine, 1944), pintor y teórico del arte, hijo de los creadores de impresiones en un nuevo arte emergente, inicia un trayecto que podemos apreciar en su legado, para reconocerle como uno de los principales iniciadores del arte abstracto. Su búsqueda en el arte no responde a la belleza habitual. Incluye todo. Hasta las manchas. Se refiere a esa belleza que expresa la necesidad interior, y cualquier medio artístico es válido si facilita la expresión de vivencias anímicas. El propósito es crear una obra con vida propia que pueda suponer alimento para el alma. Por esta vía, la obra que se nutre de los pensamientos, sentimientos y actos del artista, resulta un medio para ir desde la subjetividad y expresar sobre la belleza del ser.

En ese amor por lo que supone el enigma del arte, desarrolla un estudio sobre las características y los valores de los elementos del lenguaje pictórico. La percepción del color y las formas, cómo nos llegan y cómo son capaces de despertar sentimientos sutiles en quien observa. La pintura es un lenguaje y cuando sus elementos interaccionan, dan lugar a un mundo de posibilidades infinitas a la hora de crear. Puede ser un círculo amarillo, con un movimiento expansivo, irradiando fuerza, acercándose al observador. En cambio, si el círculo es azul se podrá percibir el movimiento de un caracol, que absorbe al que mira alejándose. El color establece una distancia. La forma delimita el contenido, y si contiene blanco puede sonar “como un silencio que de pronto puede comprenderse”, si contiene rojo, quizás sea incandescente con fuerza inmensa recalcando que los elementos pintados no arraigan ni se levantan en lo externo.

Mediante el acto creativo, los medios materiales se convierten en mediadores de lo simbólico con el poder de contactar y transmitir lo que Kandinsky llama vibración del alma o necesidad interior. Desde esta mirada, el lienzo pasa a ser el contenedor de un misterioso relato por una lírica de lo espiritual.

Parte del artículo publicado en Revista Enki n21

Publicado por

Marta Parada Mas

Procesos Creativos y Arteterapia